La primera robot sexual en la historia.
Hoy, al leer las páginas del Birmingham Mail, recordé la clara y melancólica mirada de Mike Stype cuando en una entrevista explicaba en VH1 que "The One I Love", no era en realidad una canción de amor, sino una canción cínica sobre los recursos y artilugios a los que se recurren cuando uno está cansado de amar, estar o usar a alguien...
Hoy se ha dado a conocer a un prop más sofisticado, que si bien cumple con los requisitos del úsese si no queda de otra, está cansado de manoela o, un subterfugio más humanizado para la práctica del sexo seguro, claro, para quienes pueden pagarlo hoy. Así mientras leía el artículo, en mi subconsciente sonaba el sencillo de REM y además en la versión acústica que llega más: This one goes out to the one I love/ this one goes out to the one I left behind/ another prop has occupied my time.
Associate Press liberó el comunicado de prensa, donde se ha dado a conocer a la primera robot y verdadera compañera en el acto sexual que presentó el Ingeniero e Inventor Douglas Hines en una Expo Porno en los Estados Unidos.
Roxxxy supera por mucho a sus iguales japonesas, vaya, ni qué decir de aquélla obsoleta e insipiente muñeca de hule. Roxxxy es la primera muñeca sexual hecha robot, de tamaño real, hecha de latex user fiendly,que además de hacer las veces de la amante sumisa, amorosa y obediente, además podrá entablar conversaciones básicas con su compañero, poco más que ofrecer movimientos cercanos a una amante de verdad, o sea, de carne y hueso. Vaya, Roxxxy podrá gemir, decir algunas frases pre- programadas, como las que dice una muñeca para niñas, sólo que refiriéndose a temas meramente de adultos o chicos precoces; por ejemplo, si se le toma la mano ella contestará: “a-mo- to-mar-te- de –la- mano. Ya que esta muñeca maravillosa para muchos, tiene sensores electrónicos en ciertas partes del cuerpo, llamémosles, “zonas erógenas cibernéticas”. Sensaciones y palabras vendrán de una lap-top que se conecta en su espalda y aunque no puede moverse por sí sola, ni mover su cabeza o su boca -¡buuuuu!-, puede emitir sonidos y palabras desde su bocina interior – ¡eso sí es horny eh!-, además de mantener conversaciones sencillas y sin complejidades -¿Qué acaso nosotras no hacemos lo mismo?-. La idea, dice su creador, es hacer de la muñeca una persona a quien su propietario le pueda hablar y pueda relacionarse con ella (¿?!). “Hasta donde el sexo dé y después poder platicar con ella”. Dice Hines. ¿y que no somos las mujeres más bien quienes después del mega orgasmo queremos el cuddling and talking mientras ellos caen perdidamente en los brazos de Morfeo o se pierden en el humo de Marlboro?
Bueno, Roxxxy irá mejorando su speech eventualmente, pues su creador subirá actualizaciones periódicamente en el sitio y mejor aún, como él es pambolero, pues Roxxxy sabe mantener una conversación inteligente -no pos su IQ, por supuesto, sino recurriendo al argot electrónico-; por lo menos sobre el Manchester United y para hacerla lo más real posible, ¡también ronca! Y cuenta con tres presentaciones: Roxxxy, Wendy la Salvaje o Farrah la frígida - ¡chuta!-; sólo habrá que invertir de $7,000 a $9,000 dólares –incluye lap-top.
En el futuro, Hines piensa crear otras identidades que cubran amas de casa, enfermeras y damas de compañía para los adultos mayores y, siempre remarcando que la intención principal es crear una compañera, no una frívola muñeca sexual electrónica: “The sex robot is pure Marketing”. Dijo.
En su libro “Love and Sex with Robots”, el experto en inteligencia artificial David Levy escribió –en 2007-: “Los robots serán importantes compañeros sexuales para los humanos, al poder responder a necesidades que otras personas no pueden o no están dispuestas a satisfacer”. Honestamente, esto de vivir en el S.XXI cada vez me gusta menos.
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