16.1.10

Haití: Víctima de la indiferencia de su gobierno, y la ignorancia de su pueblo.


El hombre, como especie, siempre será hombre. Egoísta, deshumanizado, orgulloso, competitivo. Insatisfecho. Racista. Predador.

Uno siempre piensa que todo está bien en otro lado menos en donde se vive. Uno cree que la relación del otro es mejor de la que se tiene en casa. Los hijos de fulano y zutana, están mejor educados que los propios. Que el coche del de enfrente está en mejores condiciones que el propio. Que en el país vecino seguro se está mejor que el de uno y la cruda y más cierta realidad es que, NO ES VERDAD.

Si bien es cierto que en otros países hay un poco más de civilidad y forma de hacer valer los derechos de las personas, haciendo un viaje por los periódicos más importantes de, digamos, algunos de los países más “civilizados”, uno puede darse cuenta de que, el ser humano es el mismo en todas partes. Finalmente todos –y todas-, estamos hechos de la misma forma y más o menos cargamos en la espalda los mismos miedos, fobias y prejuicios.

La época invernal azota a los países del norte y por muy increíble que parezca, en Londres, uno de los escándalos de la semana fue, “los cinco estudiantes de jardín de niños quienes fueron despojados de sus abrigos en pleno patio escolar, porque sus ropas no eran parte del uniforme”. También en Inglaterra, un estudiante de Kinder fue expulsado de su escuela por llevar el cabello largo – casi al final del cuello. Su madre, claro, ya demandó a la escuela por discriminación y daños a la moral de su hijo, pues “el tener el pelo largo no lo hace un mejor o un peor estudiante”. Uno, desde acá, podría pensar que esas cosas sólo se dan de éste lado del planeta, donde la falta de criterio y el prejuicio son nuestro pan de cada día, pero no, no es así.

Qué decir de los casos a la Sherlock Holmes que entintan las primeras planas de los periódicos en el Reino Unido, donde al lado del niño haitiano lleno de sangre, víctima de la una impensable catástrofe natural, aparece la foto de un agresor sexual quien ha sido sentenciado a cumplir una sentencia de 10 años por violar y torturar a una mujer británica OCHO VECES durante un día. O el maestro que mandaba correos electrónicos obscenos a un estudiante, presionándolo para poder pasar de año.

En Australia, además claro, de la extensa cobertura sobre el terremoto en Haití, aparece el caso de un hombre que torturó a su perro, a saber qué cosa habrá hecho el pobre animal para recibir golpes con un tubo de metal, haberle trozado las patas traseras, sacarlo al calor de la mañana veraniega de Melbourne (30°c) y amarrarlo con una cadena industrial al cuello que nomás pesaba 30 kilos, atada a dos bloques de concreto.

Al salir un vecino, harto de escuchar los aullidos de dolor del perro, y pedirle que lo dejara en paz, el dueño huye, el vecino llama a protección animal y se levanta un cargo en contra del agresor del can. Al día de hoy, el dueño está desaparecido.

Otra noticia de lo insólito fue: que un grupo de aborígenes australianos asistiría a la bienvenida de la visita del Príncipe Guillermo a Australia, para solicitarle interviniera en la devolución de la CABEZA de su líder muerto, asesinado por la policía de ése país, para poderle dar digna sepultura, según sus tradiciones y creencias.

Es interesante ver, como en países como Canadá el contenido de la prensa es mucho más constructivo, sí hay crímenes, sí hay asaltos, pero en sí, se habla más de temas de tecnología, de soluciones prácticas para la vida y de coberturas objetivas, algunas y otras, un tanto manipuladoras sobre el gran terremoto que ha dejado huérfanos a mas de 2 millones de niños. En un país aún peor que el nuestro –y no lo digo como consuelo, sino con todo el dolor y vergüenza que esto conlleva.

Los países y su gente sufren por la falta de interés y de capacidad de sus gobernantes, por que éstos están más ocupados en llenar sus bolsas de oro que en velar por el bien de su gente. Ellos, los que están en el poder, simplemente no nos ven como su gente.

Por salud mental, me he limitado a ver las fotos que aparecen en los encabezados de los periódicos y noticias en internet, sin entrar a ningún video o leer de lleno una nota sobre lo sucedido en aquella república del Caribe- mucho menos, poner atención a los noticieros televisivos; pero es en verdad lamentable lo que aquél país vive en estos momentos.

Dicen los medios –el radio en este caso-, como lo dicen cada vez que algo así sucede: “Es la furia de la naturaleza que se ensaña contra nosotros”. ¿Se ensaña? Como si ella, la madre Tierra o la naturaleza, o el mar tuvieran voluntad propia y ésta existiera únicamente para hacernos daño, pobresitos de nosotros los humanitos o, a caso será ése Dios maldito que también cuando se enoja, desata toda su furia sobre nosotros, hombres impíos.

La naturaleza no se ensaña con nadie. La naturaleza es y ha sido igual desde que la Tierra existe. Vivimos sobre placas continentales que a lo largo de más de 400 mil años se han movido y han transformado la faz de la tierra. Cada año, cada falla geológica se traslada un promedio de 30 centímetros, que claro, no sentimos porque éstos movimientos son ligeros, pero cuando las placas chocan y ejercen presión una con la otra, ¡agárrense todos! Porque ahí vienen los terremotos, tsunamis y demás fenómenos relativos a la tierra.

Hemos sido nosotros, los humanos, quienes, primero, en búsqueda de una mejora en nuestras vidas y con la intención de proteger a nuestros semejantes, comenzamos a idear formas de supervivencia, las cuales con el tiempo declinaron en la sed de poder y avaricia que hoy nos tiene así, jodidos a todos.

Y es que no hay para dónde voltear y no ver atrocidades, catástrofes, atropellos, falta de civilidad, guerras, matanzas, incestos, abusos, injusticias. Desamor, enfermedad.

Ver lo sucedido en Haití, pega y pega doble, porque revive un episodio vivido hace años, y también duele por que ha sido la falta de recursos, la decidía, la indiferencia de su gobierno y la ignorancia de su gente, la causante de una situación así. Un país en una zona altamente sísmica, rodeada además por volcanes marinos, sin construcciones adecuadas, sin un plan de contingencia, sin una estrategia salvavidas.

Miles hoy, sin casa, sin comida, sin trabajo, sin familia. Literalmente desmoronados. A Haití le costará años levantarse, porque carece de la infraestructura para hacerlo y hoy también, carece del ánimo que se requiere para lograrlo.

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