El cine animado o el largo metraje de dibujos animados ha estado presente en el cine desde principios del siglo pasado. Su evolución ha sido sorprendente pues ha ido desde los montones de hojas fotografiadas una por una, al celuloíde que permitió filmar esos acetatos a 24 cuadros por segundo, dándoles movimiento, para después ver su transmutación al dibujo digital 2-D (sin volumen ni sombreado), al CGI- 3-D, o sea, con volumen y sombras y finalmente al 3-D digital.
Genios del cine animado de los 1900s como Emile Cohl, George Milies o Winsor McKay jamás hubieran imaginado hasta dónde habría llegado este género, principalmente considerado para toda la familia, hasta llegado el nuevo siglo.
Los estudios de Walt Disney lograron posicionarse como los grandes genios del cine infantil y desde luego, del cine animado, agregando sonido y color a éste.
El primer corto con sonido habra sido Steamboat Willie (1928). Y después ya un largo metraje a color y con sonido sería el clásico: Blanca Nieves y los Siete Enanos en 1938.
Con la llegada de la computación y los programas de pixeleo y dibujo vectorial, las películas animadas fueron tomando otra dimensión, al poder agregar efectos visuales sin precedentes que favorecieron de gran manera al cine de ficción: Tron (Steven Lisberger, 1982), The Terminator - y todas sus partes- (James Cameron, 1984), Robocop (1987), Existenz (David Croenenberg, 1999), la saga de The Matrix (Larry y Andy Wachowsky, 1999). Sky Captain and the World of Tomorrow (Kerry Conrad, 2004). Y, desde luego, la digitalización de Starwars IV y toda su saga (George Lucas).
Para 2001, Columbia TriStar probaría que el cine animado no sólo es para niños, trayendo a la pantalla la saga de Final Fantasy, asombrosa realización elaborada en su totalidad con imágenes generadas por computadora (CGI), que no se limitó sólo a la creación de efectos especiales (SFX), props (decoración o partes de la escenografía) o ambientaciones, como sus antecesoras, sino que también digitalizaría a sus protagonistas al finísimo detalle de lograr texturas de cabello, brillo en ojos y otras minusias que anteriormente no se habían trabajado a tal grado en el cine animado. Aunque posteriormente, en 2004 Pixar realizaría un excelente trabajo de animación en The Incredibles, donde la ilusión engaña a la realidad y además cuenta con un soundtrack sobre saliente a cargo de Michael Giacchino.
Esta película quizá abrió la puerta de entrada al cine oriental de dibujos animados para adultos como el Anime y el Manga.
En 1994 Walt Disney revolucionó de nuevo el cine infantil al producir El Rey León. Un largo metraje que presentaba la combinación de ambos estilos de animación, la tradicional, por medio de retoques y dibujos a mano, así como retoques, fotos y yuxtaposición de imágenes, logrando una verdadera obra de arte, tanto por su realización como por la producción, musicalización, historia y también por que no, el soundtrack. A partir de aquí la industria cinematográfica descubrió el hilo negro de la mercadotecnia cinematográfica, o quizá, la explotó en su totalidad. Estudios como Pixar y Dream Works impulsaron la industria de tal forma que desde el lanzamiento de Toy Story (Pixar, 1995) o, Antz (Dream Works, 1998) Todo ha sido un largo camino de éxitos, exorbitantes números en las ventas de taquilla y merchandising, así como lanzamiento, tras lanzamiento.
Pixar logró su independencia de Disney y se enfocó en el desarrollo de historias y técnicas que poco a poco fueron dejando sin trabajo a los maestros de la animación tradicional de los estudios de Walter Disney. De manera que los directivos de Disney tuvieron que llegar a un acuerdo con Pixar para continuar algunos trabajos de manera conjunta. De tal suerte que la inversión, ahora de ambas casas productoras, darán luz a secuelas de Toy Story (3), Cars y algunas series animadas como Cars-toon.
Y mientras las “nuevas” caras del arte animado crean sus propias historias y personajes, Disney continua con la política de dar vida a historias de cuentos tradicionales y maravillosos, como El Expreso Polar (Robert Zemekis, 2004) o la adaptación a El Cuento de Navidad de Charles Dickens, Los Fantasmas de Scrooge (Zemekis, 2009).

¿Hacia dónde va el cine animado? Como todo en la era digital, no tiene tope. El cine animado podría incluso llegar a convertirse en historias interactivas por medio de la realidad virtual.
Los Fantasmas de Scrooge llega con tres variantes a escoger: Película normal (animación digital sin espasmos), Versión experiencia IMAX o, 3-D digital, donde ahora sí se siente cómo ciertos elementos de la película salen de pantalla y hacen del cine de tercera dimensión una experiencia casi casi tan real que no hay persona que no grite, ría o haga cualquier tipo de exclamación ante la saturación de efectos especiales de este lanzamiento.
La historia de Dickens es hermosa y rica en mensaje. Acaso la versión de Disney de 58 años atrás es mucho más fiel al sentido del cuento de Dickens, pues la de Zemekis cuenta con tanto efecto especial y sonoro que rompe con el romanticismo del cuento original y llega a sentirse atiborrada y exagerada a tal grado que, uno preferiría ver a Jim Carey y el resto del elenco en acción viva, con la seguridad de que se hubiese logrado un mejor trabajo dramático que no rallara en la saturación de sentidos.
Y bueno, de aquí seguiremos con la competencia de los estudios, tanto americanos como europeos, que es lo que más se mira por acá y acaso alguno de ellos se atreva como siempre sucede, a volver a los inicios del cine animado donde todo era más sencillo, chispeante e ingenuo.











