Ayer fue cumpleaños de Fabrizio. Un correo suyo de días anteriores dejó en mi memoria, como una especie de loop, la frase de cierre: Extraño México. Patricio y tú están por siempre en mi corazón.
Dicen que la mayoría de las relaciones humanas van más allá del plano físico, hacía el plano telepático y que el pensar en alguien es una manera de estar cerca. Estar presente, incluso de comunicación. Yo no sé cómo funciona eso, pero sé que es cierto porque muchas veces lo he sentido en carne propia y sé que ayer estuvimos conectados. Algo en el ambiente me dio esa certeza.
La añoranza de siempre vernos y la conexión de ciertas cosas, por ejemplo, comprando la comida con la que mañana festejaremos el aniversario del inicio de la independencia en casa.
Fui al súper a comprar los ingredientes para hacer mole negro con tortas de camarón y trozos de camarón petit. Arroz rojo y un pastel tricolor de postre. Sí, no puedo evitar pensar que el pescado es una parte importante de la cocina siciliana y quizá sin querer, opté por el menú de alguna forma sabiendo esto. Mientras en el ambiente un popurrí de música vernácula mexicana me puso en ánimo de festejar y reflexionar también sobre cosas de mi país, que se asemejan a ciertos usos y costumbres con los italianos y en concreto con este siciliano quien además se siente extremadamente identificado con mi país al tener él descendientes cercanos.
De entrada la eterna corrupción que nos mancha a querer y sin ganas desde los altos mandos –y con todo el cinismo que esto implica-, hasta el más pequeño e insignificante detalle en la cotidianeidad de los civiles. La entrañable creencia religiosa. El apego a la familia y, con esto, la cuestión de los festejos a lo grande en la mesa que se harta de sabores, olores, colores y texturas.
Generalmente, el mexicano se desvive por atender bien al invitado y si es extranjero, se pule con mayor frenesí. El italiano quizá no se desviva tanto, pero sí se transforma al momento de compartir cosas que puede echar de menos de casa y lo hacen con todo el corazón en la mano.
En fin, espero que Fabrizio lo haya pasado fenómeno en su día y que toda la fortuna lo acompañe siempre.
Yo seguiré esperando el día en que la Befana me cumpla mi deseo.
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