Si pienso en mi infancia, aparece siempre la misma imagen: Yo en la sala de la casa, frente a la chimenea, jugando al campamento con los hombres de acción de mi hermano y las barbies que tuve a temprana edad. De fondo musical, Los Beatles.
Los álbumes de “Please, Please me”, “A Hard Day’s nite”… y la rola que me remonta a ese día de vacaciones de invierno será siempre: Love me Do.
Los Beatles encierran tantas cosas en mi vida, sobre todo las relacionadas con mi papá. Veo fotos del grupo e inevitablemente me recuerdan a él y no se diga cuando escucho alguna rola, sobre todo de los early years y no puedo evitarlo. Mi memoria se va a mi infancia y a episodios con mi papá.
Y no es raro. Creo que fue su agrupación favorita. No sólo por la música, sino por toda la aportación cultural y artística que significó para la historia del mundo.
Arte, cine, literatura, música, películas… no hubo una sola rama que no fuese influenciada o experimentada por el cuarteto Liverpool.
“Mistery Tour” es otro de mis discos favoritos. Y cuando me comencé a clavar con la música, “Sargent Pepper’s Lonely’s Hearts Club Band” era repasado una y otra y otra vez todas las tardes después de comer, habrá sido entre 1982 y 1984.
Disfrutaba mucho – no sólo con los Beatles, sino con cualquier obra musical que atrae mi atención-, deshebrar la producción. Descubrir los adornos instrumentales, los efectos de post producción. La lírica y en el caso de los Beatles disfrutaba también el estilo de Lennon y la pronunciación tan británica de Mc Cartney.
“Yellow Submarine” fue la primera película que vi en un lugar público, en el CUC, mi hermano me había invitado y fue una tarde especial para mi, pues mi hermano me incluía en su vida adolescente.
Cuando Lennon fue asesinado, yo estaba en la recámara de mis papás. Era un domingo y estaba viendo la TV. Empezaba el noticiero de 60 Minutos, que conducía Juan Ruiz- Healy al lado de Talina Fernández. La cara seria de Ruiz-Healy y el pietaje que daba imagen a la noticia: Nueva York, el edificio Dakota y muchas luces de patrulla en la noche neoyorkina. Lloré. Lloré en silencio. Impactó mi memoria y apenas tenía nueve años.
Después, entre los 17 y los 20 años, John Lennon se volvió uno de mis músicos y personajes favoritos - ¿acaso lo reaccionaria, rebelde e idealista que soy, lo habré tomado prestado de él?- ;y sí, Mc Cartney me parecía nada más que un poser. Como a la mayoría, Ringo me parecía como el agua: incoloro, insaboro, invisible y George Harrison me era como el alma redimida del grupo, ¡se casó con una mexicana y adoraba vacacionar en Acapulco!
También de alguna manera a Harrison lo percibía como el más honesto o el más transparente de los cuatro -vaya, el que menos rollos con la vida tenía-. Él se limitaba a disfrutar tocando sus canciones que, la mayoría de las veces eran optimistas. Generalmente aparecía sonriendo o pensativo, pero siempre despedía alegría. Eso me gustaba.
“My Sweet Lord” me acompañó en algunas tardes de meditación e incluso me conmovió un sinfín de veces. “Here Comes The Sun” es una de las canciones más hermosas que hay en la historia del Rock: No pasa nada… todo está bien, ahí viene el sol.
“While My Guitar Gently Weeps”, en realidad no es una de mis favoritas. Me parece monótona y aburrida, sin embargo reconozco que la interpretación es bastante elocuente con el sentido de la rola.
Cuando aparecieron los Travelling Wilbury’s, justamente estaba yo en una etapa de búsqueda musical. La onda inglesa de los 80 ya no me llenaba y había aparecido el disco de The Joshua Tree de U2, que además coincidió con mi propia búsqueda espiritual y vital.
De alguna manera di con Dylan… algunas canciones de Tom Petty me gustaban y entre los sencillos del Joshua, di con Lou Reed, que al mismo tiempo me conectó con otros músicos y poco a poco di con Roy Orbison, cuya oscuridad me causaba ansiedad.
Así que cuando Petty, Dylan y Orbison se juntaron con Harrison, me pareció interesante, casi casi obvio, pues años antes había sucedido el concierto de Live Aid que fue como decir: Nosotros los músicos del mundo no tenemos broncas y somos felices dando algo de nosotros en bien del mundo. Quizá romántico, quizá verdadero.
Así pues ver a grandes personajes del rock juntarse era como divertido y The Travelling Wilbury’s no fue la excepción.
Después de eso y la trágica muerte de Roy Orbison (el hombre oscuro, de lentes y traje oscuro, de canciones melancólicas y guitarra nostálgica, murió dentro de su casa cuando ésta se incendiaba, PERO eso no es todo, años antes su esposa y su hijo habían muerto también víctimas de Hefesto), no volví a saber nada más de Harrison, sino hasta el invierno del 2001.
Ese año para mi fue intenso y trágico igual. a) Me divorcié. b) tuve un pleito legal con alguien que pensé era mi amigo. c) falleció mi papá, quien quizá ha sido la persona más importante de mi vida. d) Al Qaeda atentó VS las torres gemelas de NYC y se inició la guerra ilusa VS el terrorismo promovida por George W. Bush.
Un rayito de sol fue, el lanzamiento del CD de U2 “All that You Can´t Leave Behind” y ese tema de “It’s a Beautiful Day” apareció como un himno de esperanza ante tanto caos y casi al final del año, la muerte anunciada de Harrison por un tumor canceroso en el cerebro. Recuerdo que cuando supe eso, pensé que nada de lo sucedido ese año hubiera sido creíble para mi papá. Sobre todo el hecho que el país más poderoso y seguro del mundo, ya no lo era más y que era irónico que un Beatle muriera de esa manera, asociando el cáncer en el órgano vital que le dio rienda a crear esas canciones que nos han hecho felices o reflexivos a lo largo de todos estos años.
Hoy no puedo escuchar a los Beatles. No puedo porque si lo hago, la ráfaga de recuerdos me abruma y resquebraja. Y sin embargo apechugo y escucho “Love me Do” y pienso, vaya vaya, la canción que alguna vez escandalizó al mundo por ser tan propositiva “Ámame, hazlo”. Hoy día parece ser de lo más ingenuo y casi tonto que podamos escuchar, pero entre tanto reguetón y música sin sentido, se vuelve bello. Esa es la pequeña diferencia entre lo pasajero y lo clásico.
Fortino Ramírez ha comentado:
Me permito decirte que yo también comparto mucho recuerdos familiares con los Beatles, a mi hermana (RIP) le gustaba mucho y me enseñaba que decía la letra de sus canciones (me permito decir que gracias a eso mi inglés es relativamente bueno) y escuchábamos a la una de la tarde en una vieja estación de AM (790) un programa dedicado a esto señores….era rico y no es que lo extrañe o no pero era un momento familiar con mi hermana, ahora que lo pienso, me daba gusto que ella lo disfrutara tanto… cuando escucho a este cuarteto me acuerdo tanto de ella y no es que me arrepienta de haber sido mal hermano (no me arrepiento de nada….) pero creo que los recuerdos que ella tenga de mi pudiesen ser mejores…
Mientras tanto una rola de ellos que me gusta (óyelo, aunque llores, no es mala onda ni quiero que llores; pero ya es hora de sobreponerse…) - Fortino anexó "Michelle My Belle"-.
P.D. y yo creo que “mientras llora mi guitarra” es su mejor canción, gracias a George Harrison (a la par de “Otra chica”).