27.5.09

Leonardo Da Vinci, Cocinero

Poco se conoce del Leonardo Da Vinci cocinero. Gran parte de la información que se tiene al respecto, se puede ubicar en el libro denominado “Notas de Cocina de Leonardo Da Vinci”, compilado por Shelagh y Jonathan Routh.

Como en lo demás, Da Vinci perfiló hacia la cocina vanguardista o la nouvelle cuisine ya, en la época renacentista. También como en lo demás, el artista fue incomprendido por la mayoría de sus contemporáneos.

No era extraño que Leonardo tuviese la inquietud culinaria ya que creció al lado de su padrastro, un chef postrero de quien tomaría el gusto por los deliciosos dulces de su confección.

En este libro ameno que rompe con todo poder imaginario, se encuentran los apuntes que el artista realizara cuando tuvo a su cargo el área gastronómica en el palacio de su mecenas, Ludovico Sforza, entonces gobernador de Milán.

Anotaciones, recetas particulares y de ocasión así como un puntual manual de modales y el protocolo que se debía guardar en el comedor, todo esto en el capítulo Codex Romanoff, importante adición, si se tiene en cuenta que en la edad media, no existía modal alguno al sentarse a la mesa, como se muestra en el siguiente ejemplo:

“Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado”.

“No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo”.

“No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa”.

“No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos”.
“Tampoco ha de prender fuego a sus compañeros mientras permanezca en la mesa”.
“Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa”.

Desde la forma de poner la mesa, cómo doblar las servilletas y cómo manejarse al través de los tiempos que se degustaran en los eventos. Acompañado todo esto, claro, de invaluables bocetos dibujados por el mismo Leonardo y que lamentablemente no se distinguen muy bien a razón del paso del tiempo y el trabajo mecánico de impresión. Pero por lo menos dan una buena idea y son un excelente remarque del tema.

Y así como los grandes descubrimientos que logró proporcionar al mundo, dentro de la cocina Da Vinci se destacó extravagante e innovador.

El ingenio del creador de la Última Cena –citado a propósito- creó para el trabajo gastronómico eficaz: asadores automáticos, máquinas de lavar, cascanueces mecánicos, picadoras de carne, cortadoras de vegetales, máquinas para cortar spaguetti; extractores de humo, extintores de incendios; un asador automático, una correa transportadora de leños, una rebanadora de pan automática, un tambor semimecánico para animar con música a los cocineros, un aparato para aturdir a las ranas que intentasen colarse en el barril de agua dulce.

Fue Da Vinci quien le agregó un tercer pico al tenedor para que el usuario pudiese enrollar las tiras de spaguetti y comerlo sin mayor trabajo.

Sin embargo, su cocina sucinta y casi casi minimalista nunca vieron la luz, y recetas como la de una anchoa enrollada descansando sobre una rebanada de nabo tallada a semejanza de una rana, o los Testículos de un cordero con crema, se quedaron sólamente anotadas en esta especie de memoire de la cuisine, pues Sforza tenía un gusto mucho más tradicional, por lo que prefería mantener la mente del visionario artista produciendo retratos de los miembros de la corte milanesa.

Para la obra máxima de Da Vinci, éste ideó un sinfín de recetas y sus respectivos bocetos, durante los nueve meses previos a comenzar el esbozo del fresco, con la intención de plasmarlos en lo que para él también fue como la Oda a su pasión por el arte del buen comer, pero, la censura de Sforza lo limitó a pintar platos demasiado sencillos y dejar fuera, por ejemplo, su propuesta de huevos cocidos con pedazos de zanahoria o, los muslos de Focha con flores de calabacino.

El motivo final de Da Vinci dentro de las artes y las ciencias en las que se involucró, fue encontrar una solución que facilitara la vida de quienes usarán sus inventos y en el caso de la gastronomía, hoy día, muchos de estos aparatos son usados de forma cotidiana sin que siquiera sepamos que provienen de un genio de este calibre ni que han perdurado por tantos siglos.

Da Vinci proporciona atinados consejos a los amantes de la comida, promueve la moderación en la bebida y el alimento sólo cuando el cuerpo en verdad lo pide.

Este libro, apócrifo o no, refleja muy bien el humor irónico del polímata toscano. Con un sinfín de anécdotas, como la de la servilleta que creó como una respuesta atinada a terminar con los manteles que decía “parecen despojos de un campo de batalla”.



Los Manuscritos de Leonardo Da Vinci:

Al morir, fue su discipulo y heredero Francesco Melzi, quien se retiró a la ardua labor de ordenar, de manera lógica, una serie de documentos del maestro. Los cuales comprendían anotaciones, bocetos, dibujos, innumerables ideas y proyectos.

Melzi los catalogó y finalmente los editó bajo el nombre de "Tratado de Pintura". Ésta primera edición no llegó fiel a nuestros días, ya que al morir Melzi, heredó el manuscrito a uno de sus hijos, quien ignorando el valor de los documentos, los desechó en una bodega donde sufrieron un deterioro lamentable.

A partir de entonces, los documentos tuvieron una historia de ir y venir entre muchos interesados en sacarle provecho a la herencia, lo cual propició la fragmentación y dispersión de la compilación original de Francesco Melzi.

Un sinnumero de hojas sueltas se encuentran repartidas a lo largo y ancho de Europa. Capítulos más completos se pueden observar en países como Italia, España, Inglaterra y Francia. Estados Unidos cuenta con otros manuscritos del mismo compendio.

De la recopilación original de Francesco Melzi, existe una transcripción nombrada Código Urbino, el cual se conserva dentro de la biblioteca del Vaticano, en Roma.




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